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Crucero Catedral de Córdoba

En 1521 el Obispo de Córdoba, Alonso Manrique, presenta un proyecto para el crucero de la catedral  que supondrá la mayor transformación para el edificio. Una nueva capilla mayor será construida en el corazón de la antigua Mezquita. Junto a ella, el crucero y un espectacular coro supondrán una modificación tal, que desde su inicio ha sido objeto de controversia. No en vano, tal intervención supone una relativa alteración de la Mezquita de Abd al Rahman I, y una contundente ocupación de la ampliación de Abd al Rahman II y de Almanzor.

El crucero de la Mezquita catedral de Córdoba supone la ruptura con el predominio horizontal del edificio, en pos de un trato vertical en la obra cristiana con evidente enfoque celestial. De esta forma también modifica el uso de la luz. El predominio de la luz en el crucero de la Catedral contrasta con los juegos de luz desplegados en el templo islámico. Un nuevo uso más acorde al ritual actual, leído y cantado, de los templos cristianos, muy diferente del repetitivo y memorizado rezo musulmán, donde se ha usado la luz para enfocar la atención en los lugares destacables.

La obra dispuesta en una planta rectangular de 75 metros de largo por 37,5m de ancho comienza en 1523 con Hernán Ruiz I  y se culminan en 1607 con Juan de Ochoa. Durante todo este tiempo no fueron pocas las dificultades que se debieron superar. Desde el inicio, los venticuatro, con Juan de la Cerda a la cabeza, manifiestan su total oposición al proyecto del Obispo. Los propios albañiles y maestros que comienzan la obra son amenazados de muerte si continuasen “destruyendo” la antigua Mezquita. En respuesta a tal actitud, Alonso Manrique excomulga a los dichos señores de la ciudad. La confrontación fue tan importante, que los trabajos se detienen hasta que se pronuncia Carlos V.

El consentimiento del rey emperador continúa con su pronto arrepentimiento, por medio de una frase puesta en labios de Carlos V.

Yo no sabía que era esto, de saber que se llegaba a lo antiguo, no lo hubiera permitido,

Pues habéis destruido algo único para ver algo que se puede ver en cualquier sitio

Sin embargo varios argumentos ponen en duda que realmente Carlos V pronunciara dicha frase.  La construcción de su palacio en la Alhambra, su firme oposición contra los musulmanes y la cercana relación con Alonso Manrique, su confesor.

De esta manera las obras las idea Hernán Ruiz I a quién debemos un proyecto que permite encajar el nuevo crucero de la catedral, con respeto a la construcción califal. Mantiene antiguas arcadas, que marcarán las naves en la nueva construcción, e incluso sirven de apoyo a los muros del crucero. Se consigue así una escena excepcional en el arte, donde la arquitectura islámica se fusiona con la cristiana.

Hasta su muerte en 1547,  Hernán Ruiz «el viejo»,  levanta los muros del coro hasta el nivel de las ventanas (22m). También realiza la cubierta de la sacristía, construye el contrafuerte de los pies del coro, compone las bóvedas góticas del costado sur del coro y comienza a levantar los muros de los brazos del crucero que serán culminados por su hijo.

Hernan Ruiz II, «el joven», continúa la labor de su padre. En una primera fase, hasta 1557, continúa la obra de los brazos del crucero y erige los muros de la capilla mayor dotándolas de holgados ventanales. En un segundo impulso a la obra, comienza en 1561 las bóvedas de lacería de los brazos del crucero. Primero en el lado del evangelio, al norte, y posteriormente con igual concepción en el lado de la epístola.

Poco después la obra se “resiente”, manifestándose en grietas en el lado norte del crucero. Hernán Ruiz II debe cesar los trabajos que venía realizando en la Giralda de Sevilla para replantear el proyecto cordobés en busca de mayor estabilidad para la obra.  Los contrafuertes  del  costado Norte hechos  por su padre, y el muro de carga sobre las arcadas que unen las ampliaciones da Abd al rahman II y Al hakam II,  no son suficientes para asegurar la estabilidad. De esta forma, la solución pasa por la construcción de ocho contrafuertes con arbotantes que ayudaran a reforzar la estructura.

La intervención de Hernán Ruiz II termina con la ejecución de la bóveda de crucería del altar mayor, donde se dispone  un amplio programa iconográfico que incluyen a Santa María de la Asunción, ángeles músicos, santos y apóstoles.  En la clave encontramos la imagen de Carlos V. Una inscripción en la cornisa sita en la capilla mayor nos informa de que tal obra se acaba en Diciembre de 1568. Esta inauguración es coetánea  al remate del cuerpo de campanas de la Giralda sevillana,  apenas cuatro meses antes de la muerte del maestro Hernán Ruiz II.

Pero a la intervención de uno de los mejores arquitectos andaluces le sucede un largo tiempo de dejadez. La obra queda inconclusa y descubierta en el coro y en el espacio central del crucero por casi treinta años. Pues hasta la llegada del  obispo Francisco Reinoso en 1597  han pasado seis obispos, y la “obra nueva” no recibe voluntad ni financiación para acabarla.

De este modo comienza el último periodo constructivo del crucero catedralicio. A los tres días de su llegada el nuevo prelado, tras comprobar el estado del proyecto, manifiesta su firme voluntad de continuarlo, “y si otros lo acabaren, no será pequeña gloria tener parte en obra tan maravillosa y necesaria”.

Así recurre al maestro mayor de la iglesia de Valladolid, Diego de Praves, quien expone al Obispo y oficiales de Córdoba la conveniencia de usar ladrillo para culminar la obra. Igualmente será necesario corregir la cornisa del crucero, que era cuadrada, para replantearla ovalada. Ello permitirá que las esquinas sirvan de soporte a las pechinas que sostienen la bóveda.

Será el cordobés Juan de Ochoa quien concluya la obra del crucero de la catedral, siguiendo los criterios de Diego de Praves. Sobre la nave del coro, la bóveda de cañón rebajado con lunetos está decorada con yeserías de interesante programa iconográfico. Trabajo desarrollado por Francisco Gutiérrez Garrido, según diseño de Pablo de Céspedes.

Cuando en 1599 el maestro Juan de Ochoa toma cargo del proyecto, “la obra nueva” estaba ya vieja. Después de todo ese tiempo de abandono y habiendo estado descubierto, el artista debe recomponer lo afectado, construir la cubierta de la nave del coro, realizar el cimborrio sobre el crucero y cerrar el muro de los pies del coro.

Sobre uno de los arcos meridionales del crucero una inscripción recuerda que la obra queda terminada el 7 de septiembre de 1607. Habían pasado 84 años desde que la idea del Obispo Alonso Manrique empezara a cobrar forma, sumiendo al Templo en su más importante intervención, y a los cordobeses y visitantes en un eterno dilema sobre lo apropiado o no de su construcción. De este modo adquiere la Mezquita-Catedral una personalidad controvertida y polémica. Lo cierto es que a nadie deja indiferente un Templo único por su historia, su arquitectura y su carácter.

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Texto: Nacho Calero.

Fotos: fernandosendra.com

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